Excelentísimo Señor Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Doctor José Belarmino Jaime.
Colegas miembros de la Junta Directiva, Señores Diputados y Señoras Diputadas.
Señores Diputados y Diputadas al Parlamento Centroamericano.
Señores Magistrados y Señoras Magistradas de la Corte Suprema de Justicia.
Señores y Señoras Diputados y Diputadas Constituyentes de 1983.
Señor Presidente de la Corte de Cuentas de la República y Señores Magistrados.
Señoras y Señores Magistrados del Tribunal Supremo Electoral.
Señores miembros del Ministerio Público.
Excelentísimos señores Embajadores y Honorables Jefes de misiones Diplomáticas acreditados en el país.
Honorables señores representantes de organismos internacionales.
Señores miembros del Gabinete de Gobierno.
Señores representantes de Instituciones Oficiales Autónomas.
Distinguidos miembros del Sector Académico, Empresarial y Medios de Comunicación Social que nos acompañan.
Distinguidos invitados especiales.
Amigos de la prensa.
Señoras y Señores.
Reciban ustedes la más cordial bienvenida, a ésta celebración del vigésimo sexto aniversario de la Constitución de la República, que tradicionalmente organiza la Asamblea Legislativa, que me honro en presidir, la cual se ha convertido en una verdadera fiesta nacional.
En nombre de todos los diputados y diputadas que conformamos la presente legislatura extendemos, un reconocimiento especial a los diputados que formaron la Asamblea Constituyente de 1983, por haber cumplido a cabalidad con sus responsabilidades como legisladores constituyentes, el producto de su trabajo y esfuerzo es reconocido por el pueblo salvadoreño y sus instituciones, porque la Constitución la fundamentaron en principios de justicia y de bondad, con profundidad filosófica y alto contenido de teoría y administrativa; mis sinceros agradecimientos por recoger las aspiraciones y esperanzas en una generación que anhelaba la democracia y las libertades; mi eterna admiración por facilitar a los salvadoreños y especialmente a los legisladores, un documento legal que nos permite progresar pacíficamente.
La Constitución de 1983 es reciente, sin embargo, es hoy una de las más duraderas de nuestra historia republicana, que ha generado la admiración de muchas naciones y continúa siendo motivo de estudios en la comunidad académica. Es una de las Constituciones con mayor trayectoria, estabilidad y aportes a la sociedad salvadoreña; sin embargo, debemos de reconocer que la Constitución con mayor vigencia en la historia republicana sigue siendo la de 1886, que tuvo vigencia hasta 1950.
A pesar de las diversas valoraciones que tiene la comunidad salvadoreña de la Constitución, desde el punto de vista legal, político y ciudadano, todos coinciden que los constituyentes fueron los arquitectos que pusieron los cimientos de una sociedad con instituciones de gobierno sólidas, con gobernabilidad y estabilidad; que le permite a los ciudadanos visualizar o vivir en democracia, en paz y con verdadera prosperidad.
El beneficio más trascendental e importante de nuestra Constitución de 1983, se evidenció en los momentos más difíciles de nuestra historia, al permitirnos callar las armas para unificar a la familia salvadoreña desangrada y dividida durante la guerra, saliendo al reencuentro de la sociedad salvadoreña; a los que enemigos acérrimos de antes ahora seamos compañeros en esta Asamblea Legislativa; gracias a la ratificación en 1992 de los Acuerdos de Paz, que permitió la creación de instituciones y de reformas ya de todos conocidas.
En los terremotos del 2001 y en el reciente desastre de la tormenta tropical Ida, también funcionó la Constitución, cuando los legisladores usamos las herramientas que nos permiten como país atender esas emergencias, al decretar la calamidad pública y el estado de emergencia. Asimismo fue de mucha utilidad también en el campo político cuando el pasado 1 de junio de este año el Excelentísimo Presidente de la República, Don Carlos Mauricio Funes y el partido FMLN, aquí presentes, asumen el Órgano Ejecutivo, en una alternancia sin traumas ni precedentes.
Estoy seguro que no hemos fracasado en nuestro intento de mejorar, perfeccionar y ampliar las reglas de juego, tomando en cuenta la realidad, las exigencias y requerimientos de El Salvador. Sin embargo, como humanos reconocemos que todas nuestras obras siempre serán perfectible.
Comparto la opinión del Presidente del Congreso de los Diputados de España, quien al comentar el Trigésimo Primer Aniversario de la Constitución de esa nación dijo: “La Constitución, a semejanza de cualquier práctica deportiva, señala los límites del campo de juego, que nunca son una restricción. Al contrario, constituyen una garantía; la garantía del juego limpio. Un juego limpio que, para serlo, respeta al árbitro y se somete a la reglas del juego”.
Señoras y señores:
Admirables son los legisladores constitucionalistas, porque nos dejaron un documento flexible pero a la vez con límites. Ellos tuvieron la visión de construir un escenario y de abrir un espacio de diálogo, para que las reformas se lleven a cabo en dos periodos legislativos, exigiéndonos a los legisladores, para su ratificación, de una aritmética que nos obliga a encontrar consensos entre los grupos parlamentarios.
Como lo dije la semana pasada durante un encuentro similar convocado por el Órgano Judicial, creo que lo más sobresaliente y trascendental de la Constitución de 1983, se encuentra en su artículo número 284, vinculado a la metodología de la reforma.
Desde la vigencia de la Constitución de 1983, las diferentes legislaturas frente a las realidades reinantes han realizado 24 reformas a la Constitución, y en este periodo legislativo que presidimos, dimos un salto de calidad, al ratificar cuatro, que son: los artículos 47 y 48, que se refieren a los derechos a la libre sindicalización y de huelga; el artículo 56, la gratuidad en la educación estatal y el artículo 24, la autorización judicial de las intervenciones de las telecomunicaciones.
Las reformas en proceso que nos aguardan y todas atienden exigencias y necesidades del momento y las cuales más temprano que tarde deben ser objeto de tratamiento y estudio concienzudo en las respectivas comisiones de esta Asamblea Legislativa. Tenemos pendientes de estudio, de sometimiento al escrutinio público y de consulta ciudadana algunos temas como son matrimonio entre hombres y mujeres; las candidaturas independientes; un tribunal constitucional independiente de la Corte Suprema de Justicia; la supremacía de la Constitución sobre los Tratados y Convenios Internacionales, entre otros.
Hemos pasado ya a otro nivel, a otro momento histórico, en el que todos, gobernantes y gobernados, debemos comprometernos con nuestra Patria El Salvador siendo vigilantes del Estado Constitucional de Derecho, con la pronta y merecida justicia para todos, promoviendo el respeto y evitando todo exceso que pueda nuevamente dividir y polarizar nuestra sociedad.
Invito a todos los Salvadoreños a contribuir en el desarrollo de las bondades de nuestra Constitución haciéndola del conocimiento en escuelas, colegios, universidades y entre las comunidades de salvadoreños en el exterior, porque los derechos y obligaciones ciudadanas y las Instituciones creadas por ello nos pertenecen entrañablemente a todos los salvadoreños. Porque podemos y debemos cultivar en terreno fértil el poder constitucional en una nueva generación de salvadoreños sin antecedentes o prejuicios con el pasado inmediato y que ya empezaron a usufructuar de los derechos y obligaciones como ciudadanos.
Deseo concluir mi mensaje solicitándoles a todos los presentes, un fuerte aplauso a los diputados constituyentes, a las madres y padres de la Constitución de la República.
Gracias y pasen muy buenos días.
