El jefe de la policía de Los Angeles, Charlie Beck, fue recibido con abucheos, silbidos y reclamos de "justicia, justicia" al presentarse ayer a una asamblea comunitaria para calmar la violencia que se desató las últimas dos noches luego de la muerte de un guatemalteco a manos de la policía.

 

Unas 300 personas hispanoparlantes se reunieron en una escuela en el barrio de Westlake, donde el inmigrante Manuel Jamines, de 37 años, murió el domingo de dos disparos luego de que presuntamente intentó atacar a un policía con una navaja de muelle.

Beck escuchó abucheos cuando intentó defender a los policías al leer el relato de una testigo sobre cómo Jamines amenazó a dos mujeres.

El jefe policial aseguró que la vecina, que no fue identificada, dijo que avisó a tres agentes en bicicleta que un hombre con sangre en las manos intentó apuñalarla a ella y a una mujer embarazada.

La mujer escuchó que los oficiales le dijeron al sospechoso que soltara el cuchillo y luego oyó tres o cuatro disparos. Entonces, vio a Jamines en la acera, dijo Beck.

"Ella mencionó a los oficiales como sus ángeles que habían bajado del cielo ... y salvado su vida y la de la mujer embarazada", agregó.

Las personas presentes arreciaron las expresiones de desaprobación cuando escuchó el testimonio de la testigo. Uno de los asistentes dijo que sonaba como si hubiera sido hecho en Hollywood.

Beck, funcionarios municipales y cónsules de tres países latinoamericanos programaron la asamblea para tratar de mejorar la comunicación con los residentes del barrio, en el centro de Los Angeles.

La muerte de Jamines se convirtió en una causa de lucha para la comunidad, cuyos miembros salieron a las calles la noche del lunes y del martes y destacaron injusticias del pasado y frustraciones del presente.

Las autoridades locales han informado de la detención de 33 personas acusadas de delitos menores en las protestas. Los procesados podrían ser sentenciados a un año de cárcel y a multas de hasta 1.000 dólares.

 

Fuente: El Diario de Hoy